Hablar de sinhogarismo es hablar de vivienda, pero también de salud, vínculos, seguridad, estabilidad y derechos. Vivir sin un hogar no significa únicamente no disponer de un espacio físico en el que vivir: implica enfrentarse, en muchos casos, a una situación prolongada de incertidumbre y vulnerabilidad que puede tener consecuencias importantes sobre la salud física y mental.
La relación entre salud mental y sinhogarismo es compleja y no puede explicarse en una única dirección. Los problemas de salud mental pueden aparecer antes de la pérdida de vivienda y convertirse en un factor que dificulte el acceso y mantenimiento de un hogar. Pero también las propias experiencias asociadas a vivir en la calle, la inseguridad residencial, la violencia, la soledad, la discriminación o la ausencia de estabilidad pueden deteriorar la salud mental.
Conocer la situación de salud mental de las personas en situación de sinhogarismo no siempre resulta sencillo. Las propias circunstancias de exclusión, la movilidad, la falta de acceso continuado al sistema sanitario o el deseo de preservar el anonimato pueden dificultar la obtención de una imagen completa.
Sin embargo, diferentes estudios han identificado los problemas de salud mental como una trayectoria relacionada con la aparición y el mantenimiento del sinhogarismo y la exclusión residencial.
El informe Salud Mental y Sinhogarismo analiza esta relación a través de datos, testimonios y propuestas de intervención. Entre sus conclusiones aparece una idea fundamental: la salud mental debe formar parte de una atención integral a las personas en situación de sinhogarismo.
La atención no debería comenzar únicamente cuando aparece una crisis. La detección temprana y el acceso a recursos especializados son fundamentales, especialmente cuando una persona llega a un recurso residencial después de haber pasado un periodo en la calle.
Vivir sin hogar también puede ser un factor de riesgo
No existe una única causa que explique por qué una persona termina en situación de sinhogarismo. Las trayectorias son diversas y pueden estar atravesadas por factores económicos, laborales, familiares, administrativos, de salud o relacionados con la violencia y la discriminación.
De la misma manera, tampoco existe una única relación entre salud mental y sinhogarismo.
Una persona puede tener un problema de salud mental previo a la pérdida de vivienda. Pero también puede desarrollar o ver agravado su malestar psicológico como consecuencia de encontrarse durante meses o años sin un espacio seguro en el que descansar, sin privacidad, con dificultades para cubrir necesidades básicas y expuesta a situaciones de violencia o discriminación.
La ausencia de estabilidad dificulta además cuestiones fundamentales para el cuidado de la salud: acudir a una cita médica, mantener un tratamiento, descansar adecuadamente, alimentarse o simplemente disponer de un espacio donde sentirse a salvo.
Por eso, hablar de salud mental en este contexto implica también hablar del derecho a una vivienda digna y estable.
El informe Salud Mental y Sinhogarismo señala la importancia de proporcionar alojamiento y apoyos adecuados, así como de evitar que las personas con problemas de salud mental queden excluidas de los procesos de inclusión.
Contar con un alojamiento estable puede facilitar el acceso a los servicios de salud, el diagnóstico y el tratamiento, pero también permite recuperar progresivamente otros aspectos de la vida: buscar ingresos, reconstruir vínculos sociales, descansar y tomar decisiones sobre el propio proyecto vital.
La estabilidad, por tanto, no es solamente el resultado al que se llega después de superar el sinhogarismo. Puede ser también una condición necesaria para poder avanzar.
Cuando hablamos de salud mental también hablamos de prevención del suicidio
Dentro de la conversación sobre salud mental existe otra cuestión que requiere especial atención: la prevención del suicidio.
Hablar de prevención significa poder detectar señales de sufrimiento, generar espacios donde las personas puedan expresar lo que están viviendo y garantizar que exista una red de apoyo cuando más se necesita.
En el caso de las personas en situación de sinhogarismo, esta prevención debe tener en cuenta las circunstancias específicas de quienes viven en una situación de extrema vulnerabilidad. La soledad, la pérdida de vínculos, la incertidumbre, las experiencias traumáticas, la violencia o la ausencia de un lugar seguro pueden acumularse y aumentar el sufrimiento emocional.
Pero hablar de prevención también significa alejarse de la idea de que el suicidio es una cuestión exclusivamente individual.
La salud mental está condicionada por el entorno y por las condiciones en las que vivimos. Tener acceso a una vivienda, a atención sanitaria, a apoyos sociales y a relaciones significativas forma parte también de la prevención.
Escuchar, preguntar y acompañar
Ante una persona que está atravesando un momento de gran sufrimiento, escuchar sin juzgar puede ser un primer paso. También es importante preguntar directamente cuando existen señales de alarma y facilitar el acceso a profesionales y recursos especializados.
No se trata de tener todas las respuestas ni de asumir el papel de un profesional de la salud mental. Se trata de no mirar hacia otro lado.
En el caso de las personas sin hogar, esta responsabilidad implica además que los sistemas de atención estén preparados para detectar y acompañar estas situaciones, evitando que las barreras administrativas, residenciales o económicas impidan recibir ayuda.
La atención debe ser continuada, accesible y adaptada a las circunstancias de cada persona.
Si queremos prevenir situaciones de exclusión residencial, debemos actuar sobre las causas que llevan a las personas a perder su vivienda. Y si queremos cuidar la salud mental de quienes ya se encuentran en situación de sinhogarismo, necesitamos garantizar atención sanitaria y psicológica, pero también estabilidad, seguridad, vínculos y acceso a una vivienda.
Porque cuidar la salud mental también significa crear las condiciones necesarias para que una persona pueda desarrollar su vida con dignidad.
Este tema también está en Onda Realidades
Precisamente de todo esto hablamos en el último episodio de Onda Realidades, nuestro podcast, junto a Esther Sáez, psicóloga de la Asociación Realidades.
En la conversación abordamos la salud mental, las situaciones de sufrimiento psicológico, la importancia de pedir ayuda y algunas pautas para acompañar a una persona que puede estar atravesando un momento difícil.
Un episodio para hablar de salud mental desde la escucha, la prevención y el acompañamiento, y para recordar que detrás de cada situación de sinhogarismo hay una persona con una historia, unas necesidades y unos derechos.







