Un hombre duerme en un banco. Dos creadores de contenido se acercan, lo despiertan y le piden dinero. En otra escena, hacen algo parecido con una persona que duerme en el suelo.
Son algunas de las imágenes del último vídeo de Zazza el italiano junto a Willyrex, grabado en el barrio madrileño de Lavapiés.
El vídeo plantea una serie de «retos» para sacar a Willyrex de su «zona de confort». Entre ellos, acercarse a personas que están durmiendo en la calle y pedirles dinero o comida. El contenido ha generado críticas entre vecinos, colectivos y usuarios de redes sociales por la forma en la que se representa a las personas en situación de vulnerabilidad.
Y, más allá de este vídeo concreto, vuelve a aparecer una pregunta que no es nueva:
¿Cuándo una imagen sobre la pobreza deja de sensibilizar y empieza a convertirla en espectáculo?
Un debate que ya conocemos
Hace casi diez años vivimos una situación que, aunque muy diferente, planteaba un problema parecido.
En 2017, el youtuber ReSet publicó un vídeo en el que entregaba a una persona sin hogar unas galletas Oreo cuyo relleno había sustituido por pasta de dientes. Era uno de los retos de su canal. El vídeo se hizo viral y provocó una fuerte polémica.
El caso terminó también en los tribunales. La persona afectada denunció los hechos y ReSet fue condenado por un delito contra la integridad moral. La sentencia consideró probado que había actuado con intención de ridiculizar y vejar a la persona y que después había difundido las imágenes en Internet.
Casi diez años después, las redes han cambiado. También lo han hecho los formatos y la manera de crear contenido.
Pero hay algo que se repite: personas sin hogar que aparecen en pantalla mientras otra persona consigue visitas, seguidores o repercusión a partir de su situación.
Antes eran unas galletas con pasta de dientes. Ahora pueden ser un reto, una cámara y un vídeo viral.
El formato cambia. La pregunta sigue siendo la misma.
Y en Realidades ya hablábamos de esto en 2022
De hecho, no es la primera vez que desde Asociación Realidades ponemos el foco en esta forma de representar el sinhogarismo.
En agosto de 2022 publicábamos en nuestra web un artículo titulado «Reírse del sinhogarismo: el nuevo peligro ‘influencer’». En aquel momento alertábamos de algo que empezaba a hacerse cada vez más visible: vídeos y publicaciones en los que personas sin hogar aparecían como parte del contenido de influencers, ya fuera para hacer bromas, ridiculizarlas, grabar sus reacciones o convertir supuestas «ayudas» en contenido para redes.
Han pasado cuatro años.
Y resulta llamativo volver a encontrarnos con una situación que se parece tanto a aquella.
Han cambiado las plataformas, los formatos y las maneras de conseguir visitas. Pero seguimos viendo cómo la situación de una persona que está en la calle puede convertirse en un reto, una broma, una reacción grabada o una historia que sirve para generar contenido.
Quizá por eso merece la pena volver a aquel texto.
Porque el problema no empezó con TikTok, ni con este vídeo, ni con los creadores de contenido actuales. Llevamos años preguntándonos qué pasa cuando la situación de una persona sin hogar se convierte en una herramienta para conseguir atención en redes.
Y cuatro años después seguimos teniendo que hacernos la misma pregunta.
Mostrar pobreza no es lo mismo que contarla
Hablar de sinhogarismo es necesario. Mostrar que hay personas que viven en la calle también puede ayudar a hacer visible una realidad que muchas veces preferimos no mirar.
El problema aparece cuando esa persona deja de ser alguien con una historia y se convierte únicamente en la imagen de alguien que duerme en la calle, tiene hambre o necesita ayuda.
Porque detrás de esa imagen hay mucho más.
Hay un nombre. Hay una vida antes de llegar a la calle. Hay relaciones, decisiones, capacidades, gustos, opiniones y proyectos.
Cuando todo eso desaparece, la persona corre el riesgo de convertirse simplemente en una imagen.
Y la imagen, en contenido.
¿Quién cuenta la historia?
Esta es precisamente una de las cuestiones que hemos trabajado en el Taller de Participación de Asociación Realidades.
Porque hablar de sinhogarismo también significa preguntarnos cómo lo contamos.
¿Quién tiene la cámara?
¿Quién decide qué se graba?
¿Quién elige qué parte de la historia vemos?
¿Quién consigue las visitas?
Y, sobre todo, ¿qué espacio tiene la persona que está siendo grabada para contar su propia historia?
No se trata de decir que las personas sin hogar no deban aparecer en medios o redes sociales. Todo lo contrario. Sus experiencias tienen que estar presentes en la conversación pública.
Pero hay una diferencia importante entre hablar sobre las personas y dejar que sean ellas quienes hablen desde su propia experiencia.
No es lo mismo ser el personaje de la historia de otra persona que poder contar la tuya.
¿Sensibilizar o provocar?
Existe un concepto que se utiliza para hablar de determinadas formas de representar la pobreza: porno pobreza.
Se refiere a contenidos que recurren al impacto, la lástima o la conmoción y que pueden terminar reduciendo a las personas a su situación de vulnerabilidad.
Pero no toda imagen de una persona sin hogar es porno pobreza. Mostrar una realidad dura no significa necesariamente explotarla.
La pregunta es otra:
¿Para qué se muestra? ¿Cómo se muestra? ¿Y qué lugar ocupa la persona dentro de esa historia?
Si queremos sensibilizar, no basta con provocar una reacción.
También hace falta contexto. Explicar por qué ocurre. Hablar de las causas. Mostrar las dificultades que existen. Y, sobre todo, escuchar a quienes viven esa realidad.
Porque una persona no debería convertirse en el decorado de una historia que cuenta otra persona.
Una persona no es un reto
Quizá todo se pueda resumir en algo muy sencillo.
Para quien graba un vídeo, acercarse a una persona que duerme en la calle y pedirle dinero puede ser parte de un reto.
Para quien está durmiendo en ese banco, no es un reto.
Es su vida.
Por eso, cuando hablamos de comunicación desde el Taller de Participación de Realidades, también hablamos de poder.
De quién mira y quién es mirado.
De quién pregunta y quién responde.
De quién cuenta y quién acaba siendo contado.
La fotografía de nuestra sesión de hoy no muestra a una persona en situación de pobreza.
Muestra a un grupo de personas pensando juntas cómo quieren ser representadas y cómo quieren contar su propia realidad.
Y quizá ahí esté una de las claves para cambiar la forma en la que hablamos del sinhogarismo.
No se trata de dejar de mirar.
Se trata de aprender a mirar de otra manera.
Porque las personas sin hogar no necesitan convertirse en protagonistas de nuestros vídeos para demostrar que existen.
Necesitan poder ser protagonistas de sus propias historias.







